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CAPITULO 2 - DEL PRIMER LIBRO DE LOS MACABEOS- LIBRO PRIMERO (1/I)

 

 

 

MA1 2: 1 Por aquel tiempo, Matatías, hijo de Juan, hijo de Simeón, sacerdote del linaje de Yehoyarib, dejó Jerusalén y fue a establecerse en Modín.
MA1 2: 2 Tenía cinco hijos: Juan, por sobrenombre Gaddí;
MA1 2: 3 Simón, llamado Tasí;
MA1 2: 4 Judas, llamado Macabeo;
MA1 2: 5 Eleazar, llamado Avarán; y Jonatán, llamado Affús.
MA1 2: 6 Al ver las impiedades que en Judá y en Jerusalén se cometían,
MA1 2: 7 exclamó: «¡Ay de mí! ¿He nacido para ver la ruina de mi pueblo y la ruina de la ciudad santa, y para estarme allí cuando es entregada en manos de enemigos y su santuario en poder de extraños?
MA1 2: 8 Ha quedado su Templo como hombre sin honor,
MA1 2: 9 los objetos que eran su gloria, llevados como botín, muertos en las plazas sus niños, y sus jóvenes por espada enemiga.
MA1 2: 10 ¿Qué pueblo no ha venido a heredar su reino
MA1 2: 11 y a entrar en posesión de sus despojos? Todos sus adornos le han sido arrancados y de libre que era, ha pasado a ser esclava.
MA1 2: 12 Mirad nuestro santuario, nuestra hermosura y nuestra gloria, convertido en desierto, miradlo profanado de los gentiles.
MA1 2: 13 ¿Para qué vivir más?»
MA1 2: 14 Matatías y sus hijos rasgaron sus vestidos, se vistieron de sayal y se entregaron a un profundo dolor.
MA1 2: 15 Los enviados del rey, encargados de imponer la apostasía, llegaron a la ciudad de Modín para los sacrificios.
MA1 2: 16 Muchos israelitas acudieron donde ellos. También Matatías y sus hijos fueron convocados.
MA1 2: 17 Tomando entonces la palabra los enviados del rey, se dirigieron a Matatías y le dijeron: «Tú eres jefe ilustre y poderoso en esta ciudad y estás bien apoyado de hijos y hermanos.
MA1 2: 18 Acércate, pues, el primero y cumple la orden del rey, como la han cumplido todas las naciones, los notables de Judá y los que han quedado en Jerusalén. Entonces tú y tus hijos seréis contados entre los amigos del rey, y os veréis honrados, tú y tus hijos, con plata, oro y muchas dádivas.»
MA1 2: 19 Matatías contestó con fuerte voz: «Aunque todas las naciones que forman el imperio del rey le obedezcan hasta abandonar cada uno el culto de sus padres y acaten sus órdenes,
MA1 2: 20 yo, mis hijos y mis hermanos nos mantendremos en la alianza de nuestros padres.
MA1 2: 21 El Cielo nos guarde de abandonar la Ley y los preceptos.
MA1 2: 22 No obedeceremos las órdenes del rey para desviarnos de nuestro culto ni a la derecha ni a la izquierda.»
MA1 2: 23 Apenas había concluido de pronunciar estas palabras, cuando un judío se adelantó, a la vista de todos, para sacrificar en el altar de Modín, conforme al decreto real.
MA1 2: 24 Al verle Matatías, se inflamó en celo y se estremecieron sus entrañas. Encendido en justa cólera, corrió y le degolló sobre el altar.
MA1 2: 25 Al punto mató también al enviado del rey que obligaba a sacrificar y destruyó el altar.
MA1 2: 26 Emuló en su celo por la Ley la gesta de Pinjás contra Zimrí, el hijo de Salú.
MA1 2: 27 Luego, con fuerte voz, gritó Matatías por la ciudad: «Todo aquel que sienta celo por la Ley y mantenga la alianza, que me siga.»
MA1 2: 28 Y dejando en la ciudad cuanto poseían, huyeron él y sus hijos a las montañas.
MA1 2: 29 Por entonces muchos, preocupados por la justicia y la equidad, bajaron al desierto para establecerse allí
MA1 2: 30 con sus mujeres, sus hijos y sus ganados, porque los males duramente les oprimían.
MA1 2: 31 La gente del rey y la tropa que estaba en Jerusalén, en la Ciudad de David, recibieron la denuncia de que unos hombres que habían rechazado el mandato del rey habían bajado a los lugares ocultos del desierto.
MA1 2: 32 Muchos corrieron tras ellos y los alcanzaron. Los cercaron y se prepararon para atacarles el día del sábado.
MA1 2: 33 Les dijeron: «Basta ya, salid, obedeced la orden del rey y salvaréis vuestras vidas.»
MA1 2: 34 Ellos les contestaron: «No saldremos ni obedeceremos la orden del rey de profanar el día de sábado.»
MA1 2: 35 Asaltados al instante,
MA1 2: 36 no replicaron ni arrojando piedras ni atrincherando sus cuevas. Dijeron:
MA1 2: 37 «Muramos todos en nuestra rectitud. El cielo y la tierra nos son testigos de que nos matáis injustamente.»
MA1 2: 38 Les atacaron, pues, en sábado y murieron ellos, sus mujeres, hijos y ganados: unas mil personas.
MA1 2: 39 Lo supieron Matatías y sus amigos y sintieron por ellos gran pesar.
MA1 2: 40 Pero se dijeron: «Si todos nos comportamos como nuestros hermanos y no peleamos contra los gentiles por nuestras vidas y nuestras costumbres, muy pronto nos exterminarán de la tierra.»
MA1 2: 41 Aquel mismo día tomaron el siguiente acuerdo: «A todo aquel que venga a atacarnos en día de sábado, le haremos frente para no morir todos como murieron nuestros hermanos en las cuevas.»
MA1 2: 42 Se les unió por entonces el grupo de los asideos, israelitas valientes y entregados de corazón a la Ley.
MA1 2: 43 Además, todos aquellos que querían escapar de los males, se les juntaron y les ofrecieron su apoyo.
MA1 2: 44 Formaron así un ejército e hirieron en su ira a los pecadores, y a los impíos en su furor. Los restantes tuvieron que huir a tierra de gentiles buscando su salvación.
MA1 2: 45 Matatías y sus amigos hicieron correrías destruyendo altares,
MA1 2: 46 obligando a circuncidar cuantos niños incircuncisos hallaron en el territorio de Israel
MA1 2: 47 y persiguiendo a los insolentes. La empresa prosperó en sus manos:
MA1 2: 48 arrancaron la Ley de mano de gentiles y reyes, y no consintieron que el pecador se impusiera.
MA1 2: 49 Los días de Matatías se acercaban a su fin. Dijo entonces a sus hijos: «Ahora reina la insolencia y la reprobación, es tiempo de ruina y de violenta Cólera.
MA1 2: 50 Ahora, hijos, mostrad vuestro celo por la Ley; dad vuestra vida por la alianza de nuestros padres.
MA1 2: 51 Recordad las gestas que en su tiempo nuestros padres realizaron; alcanzaréis inmensa gloria, inmortal nombre.
MA1 2: 52 ¿No fue hallado Abraham fiel en la prueba y se le reputó por justicia?
MA1 2: 53 José, en el tiempo de su angustia, observó la Ley y vino a ser señor de Egipto.
MA1 2: 54 Pinjás, nuestro padre, por su ardiente celo, alcanzó la alianza de un sacerdocio eterno.
MA1 2: 55 Josué, por cumplir su mandato, llegó a ser juez en Israel.
MA1 2: 56 Caleb, por su testimonio en la asamblea, obtuvo una herencia en esta tierra.
MA1 2: 57 David, por su piedad, heredó un trono real para siempre.
MA1 2: 58 Elías, por su ardiente celo por la Ley, fue arrebatado al cielo.
MA1 2: 59 Ananías, Azarías, Misael, por haber tenido confianza, se salvaron de las llamas.
MA1 2: 60 Daniel por su rectitud, escapó de las fauces de los leones.
MA1 2: 61 Advertid, pues, que de generación en generación todos los que esperan en El jamás sucumben.
MA1 2: 62 No temáis amenazas de hombre pecador: su gloria parará en estiércol y gusanos;
MA1 2: 63 estará hoy encumbrado y mañana no se le encontrará: habrá vuelto a su polvo y sus maquinaciones se desvanecerán.
MA1 2: 64 Hijos, sed fuertes y manteneos firmes en la Ley, que en ella hallaréis gloria.
MA1 2: 65 Ahí tenéis a Simeón, vuestro hermano. Sé que es hombre sensato; escuchadle siempre: él será vuestro padre.
MA1 2: 66 Tenéis a Judas Macabeo, valiente desde su mocedad: él será jefe de vuestro ejército y dirigirá la guerra contra los pueblos.
MA1 2: 67 Vosotros, atraeos a cuantos obervan la Ley, vengad a vuestro pueblo,
MA1 2: 68 devolved a los gentiles el mal que os han hecho y observad los preceptos de la Ley.»
MA1 2: 69 A continuación, les bendijo y fue a reunirse con sus padres.
MA1 2: 70 Murió el año 146 y fue sepultado en Modín, en el sepulcro de sus padres. Todo Israel hizo gran duelo por él.

 
   


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